¿Dónde estás tú?

Es posible que el instinto de supervivencia nos invite a preguntar desde que tenemos uso de razón.

Hombre caminando solo en un campo abierto

Por: Donald Flores

El origen de todas las preguntas

¿Por qué siempre estamos preguntando cosas? Desde niños no paramos de hacerlo:

  • ¿Por qué el cielo es azul?
  • ¿Y por qué eso no se puede?
  • ¿Por qué hay gente que tiene más y otros tienen menos?
  • ¿Y por qué tú sí y yo no?
  • ¿A dónde va la gente cuando muere?

Y cuando crecemos, no dejamos de hacerlo:

  • ¿Qué nos pasó?
  • ¿Por qué no fuimos suficientes?
  • ¿Por qué el mundo es así?
  • ¿Por qué nos sentimos vacíos?

Preguntar es tan natural como respirar

De la misma forma en que nos encorvamos y cerramos los ojos antes de recibir un golpe por instinto de supervivencia, es posible que ese mismo instinto sea el que nos invite a preguntar desde que tenemos uso de razón.

Luego, nos tapamos con el sistema en el que vivimos, alimentado por todos… TODOS. El sistema que despide al empleado que se atreve a preguntar, el sistema que se burla del alumno por haber levantado la mano, el sistema que dice «obvio» sin tener idea de nada, el sistema que dice «porque soy tu madre/padre y ya cállate».

La primera pregunta de Dios

¿Sabes cuál es la primera pregunta que le hizo Dios al ser humano?

¿Dónde estás tú?

– Génesis 3:9

Justo después de haber cometido el pecado universal, cuando comió del fruto prohibido. Si ponemos atención, en ningún momento le reclamó:

  • ¿Qué hiciste?
  • ¿Por qué lo hiciste?
  • ¿Por qué me fallaste?
  • ¿Ya viste lo que hiciste?

No. Simplemente preguntó: ¿Dónde estás tú?

Y esa no fue una pregunta geográfica buscando un punto en el jardín del Edén, sino una pregunta directa al alma. Fue una pregunta de búsqueda, no de condena. ¡Filosofía pura!

La pregunta sigue viva

Hoy, esa pregunta sigue resonando en medio del ruido, del cansancio, de las notificaciones, de las máscaras, de las costumbres sin sentido, del sobreesfuerzo que nos hacen creer que es necesario.

Nos hemos vuelto expertos en escondernos. No detrás de árboles como Adán, sino detrás de logros, premios, pantallas, ocupaciones, filtros… Estamos rodeados de conexiones, pero perdidos por dentro.

Tan perdidos que llegamos al punto de ridiculizarnos o arriesgar la vida por un like. Porque si no, nuestro mundo se cae a pedazos. ¿Te das cuenta de la debilidad mental? Vivimos en automático, pero sin saber realmente quién está manejando. Y a todo eso, le llamamos libertad.

Nomofobia: miedo moderno

En este mundo donde también hay una competencia por ponerle palabras nuevas a cosas que ya existían desde el siglo pasado ¿has escuchado de la nomofobia?

El miedo irracional a no tener el teléfono móvil o permanecer incomunicado.

Ya no se sabe qué es más triste, estremecedor y vacío:

  • El mundo ruidoso lleno de personas que no escucha a nadie,
  • O el alma de la persona que está bailando de manera ridícula o arriesgando su vida, rogando por atención, por un like.

La respuesta que Dios sigue esperando

Pero si te detienes un momento, alguien desde el inicio de los tiempos preguntó: ¿Dónde estás tú? Sin buscar una respuesta perfecta, pero sí honesta.

Tal vez estás en la cima, pero no te encuentras. Tal vez estás rodeado, pero solo. Tal vez en medio de la oscuridad. Tal vez no sabes dónde estás, y eso también es una respuesta válida. Simplemente te cansaste de fingir.

El primer paso para regresar a nosotros mismos no es castigarnos ni disfrazarnos de fortaleza.

Simplemente hay que responder a la pregunta. Porque el que preguntó… no se ha ido. Sigue buscándote, sigue esperando que un día, simplemente respondas:

Aquí estoy.

¿Dónde estás tú… ahora mismo?


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Autor: Donald Flores

Informático de profesión con 21 años de experiencia en desarrollo de estrategias de comunicación (diseño gráfico, imagen institucional, redes sociales, páginas web, marketing político, etc.). Lo más importante es lo que compartes y no lo que te quedas.

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